El correo electrónico parece simple, pero crea una sorprendente cantidad de fricción. La gente lucha con el tono, la claridad, la velocidad, la estructura y el profesionalismo, todo al mismo tiempo. Un mensaje puede ser demasiado directo, demasiado largo, demasiado vago o demasiado formal sin que el escritor se dé cuenta.
Ahí es donde la IA resulta útil. No porque deba reemplazar tu voz, sino porque puede ayudar a convertir un borrador en algo más claro y apropiado para la situación.
